barrio se observan los puestos para el baloto o para el chance electrónico. Al pensar en cómo suben los precios de los alimentos y otras cosas necesarias para vivir, la posibilidad de ganar dinero no es exactamente repulsiva.
Y de igual manera en casa,puedes leer en el periódico la historia de un trabajador que acaba de ganarse 400 millones; apostando relativamente poco, se ganó una fortuna. “Impresionante,” podrías pensar, “¿qué no haría yo con 400 millones?” Como dice el refrán: “¡A nadie le amarga un dulce!” Suena el timbre de la puerta. Una graciosa niña quiere que le compre un número para una rifa en su escuela. ¡Difícil es negarla! ¡Y es para una buena causa!
Nuestra sociedad ofrece toda clase de oportunidad para “hacerse rico rápidamente”, o para “ganar buen billete”, comprando una participación en algún juego de azar. Hay juegos de caballos, perros y aun de gallos. Hay los juegos profesionales en los casinos con sus ruedas de ruleta y las máquinas tragamonedas. Hay loterías nacionales y locales. Puedes apostar en un partido de fútbol, el boxeo o casi cualquier otro deporte. Puede jugar con los números o naipes. Y por desgracia, ahora hay casinos en Internet.
La atracción del juego es que el resultado posible es mucho más grande en proporción a la cantidad apostada. En 1975 un brasileño llamado Mirón de Souza, apostó el equivalente de 58 centavos (estadounidenses) en un partido de fútbol, y se ganó $2.541.549. Era la mayor ganancia del mundo por un juego de azar hasta aquel entonces.
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¿Qué dice la Biblia sobre todo esto? Aunque la Biblia no dice explícitamente: “NO JUGARÁS”, sin embargo el mandamiento dice: “NO CODICIARÁS” (Ex. 20:17). El juego es una forma de codicia. Expresa un deseo desordenado para la riqueza, y una insatisfacción con lo que la providencia de Dios nos ha dado. Quiere decir que yo me quiero enriquecer a expensas de otros, si es posible. Y quiere decir que busco el favor de “la posibilidad”, “el azar” y “la diosa fortuna” en lugar de confiar en mi Padre celestial.
Así que, todos los consejos de la Biblia en contra de la codicia se aplican al juego. Por ejemplo, en Lucas 12:15 dice: “Guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”. La forma de vivir del creyente debe ser libre del amor al dinero; debe contentarse con lo que tiene ahora (He. 13:5). La codicia es idolatría (Col. 3:5); como ya se mencionó, le quita a
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Dios su puesto en el alma, y pone en su lugar el deseo de tener más. La codicia tiene lugar con la inmoralidad, las borracheras y las estafas, como pecado por el cual se le puede excluir a una persona para siempre del reino de Dios (1 Co. 6:10).
La Biblia también dice: “Las riquezas de vanidad disminuirán; pero el que recoge con mano laboriosa las aumenta” (Pr.13:11). Las riquezas de vanidad son bienes ganados por la vanidad, por ejemplo, en el juego. Mientras el trabajo honorable es creativo y productivo, el juego no lo es. Las “ganancias” del juego suelen “volar”.
Cuando a alguien le “pega al gordo”, su “buena suerte” se publica muy ampliamente, pero, extrañamente, no se dice casi nada sobre las pérdidas encontradas en el juego. Pocas veces se oye del negociante italiano, que perdió 1.920.000 dólares en una mesa de ruleta en Monte Carlo, en el año 1974, ni del príncipe árabe quien, en el mismo año perdió más de un millón de dólares en una sola sesión de juego en Las Vegas. Pocas veces se oye de los billones perdidos por los ciudadanos promedios mientras juegan sus sueldos arduamente ganados, con la “suerte” en su contra. Matemáticamente las probabilidades de ganar son patéticamente pequeñas. Por ejemplo, hay la posibilidad de que el “tragamonedas” más grande en el mundo, pague un “dividendo” de un millón de dólares por la inversión de diez dólares, pero la probabilidad de que esto sucediera es de 1 en 25 billones.
Además, el juego fácilmente puede ser adictivo. No es cosa extraña verles a las personas jugando como si estuvieran hipnotizadas, como en un trance, malgastando su dinero hora tras hora. Aparentemente piensan que cuanto más tiempo pasen jugando, más probabilidades tendrán de ganar, o al menos recuperar las pérdidas. De vez en cuando ganan una cantidad insignificante, sólo para darles incentivo a seguir el juego. Ningún creyente debería dejarse poner bajo el poder dominante del juego. Pablo advertía a los Corintios en contra de cualquier cosa que podría esclavizarles, aún las cosas que por sí solas son legítimas, lo cual el juego no es.
Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen;(A) todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna. (1 Co. 6:12).
Nadie puede calcular la pobreza y miseria que traen para sí mismos y sus familias los que se dedican al juego. La casa se deshace, los alimentos escasean, se acumulan deudas inmensas, y mientras tanto, el sueldo es malgastado en intentos incesantes y fútiles para cambiar la pobreza a la riqueza de noche a mañana.
Si estás siendo preso del juego, en Dios hay libertad y una oportunidad de conocerlo como Jehová Yireh tu proveedor. Dios quiere que sueñes con una estabilidad financiera, no fruto del azar, sino de su mano proveedora. Acércate a él y conócelo como tu proveedor.
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