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Hemos de considerar la palabra de Dios como luz y como ley; es luz que ilumina el camino e ilumina el entendimiento, para que vaya por el camino que la luz marca, luz para los ojos a fin de conocer la verdad, luz para los pies para ver la ruta que hay que seguir, la luz de la escritura es luz segura, pues nos revela verdades de certeza eterna.
También es ley a la que nuestra voluntad ha de someterse, además de alertar de los caminos de destrucción. Es por esto que advierte en el libro de Éxodo 20:17, "No cometerás adulterio", el adulterio es una conducta inaceptable para la vida en sociedad, y condenada por la alta deidad y ser supremo llamado Dios, Jehová o Yahvé, él ha condicionado esta conducta estipulándola en uno de los primeros códigos que regularon la conducta del hombre en sociedad, la Biblia, precisamente en los diez mandamientos dictándolo por su propia voz a Moisés en el Monte Sinaí. Él dejó asentado "No cometerás adulterio", dejando en claro que esta conducta es intolerable para él, recalcándolo en el versículo diecisiete " No codiciarás la casa de tu |
prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo"; este es el más interno de todos los mandamientos, no prohíbe un acto externo, sino un estado mental escondido, estado éste al que Jesucristo advirtió "Ustedes han oído que se dijo: 'No cometas adulterio.' Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón" Mateo 5: 27.
Se nos enseña aquí que existe un adulterio cometido en el corazón, es decir, pensamientos y deseos que nunca llegan al acto exterior del adulterio o de la fornicación, cualquiera que mira a una mujer ajena para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. La concupiscencia supone una conciencia confusa o predispuesta por
una mala inclinación. En el libro de Jueces 16, Sansón es un ejemplo de destrucción por su debilidad moral, según el comentario de Matthew Henry, un niño que sufre una quemadura, teme al fuego y huye de él, pero Sansón, a pesar de ser un hombre de fuerza extraordinaria, carece hasta de la prudencia de un niño pequeño; porque, a pesar de haberse visto en tantos apuros por su inclinación sexual hacia las mujeres, no escarmienta, sino que de nuevo está prendido en la misma trampa.
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las mujeres, no escarmienta, sino que de nuevo está prendido en la misma trampa.
La inmoralidad sexual además de ser destructiva para quien la practica, causa consecuencias jamás imaginadas por quien la ha realizado, un ejemplo está citado con el horrible problema causado por el adulterio de Abraham, al procrear dos hijos, de distintas mujeres, lo que todavía está costando miles de vidas anualmente entre Israelíes (descendientes del más joven de esos hijos) y los árabes (descendientes del mayor de esos hijos).
El pecado obliga a una constante lucha que se debe enfrentar, si no se quiere correr el riesgo de una caída; cuando se rechaza el pecado, a veces parece que la batalla ya ha pasado, pero vuelve de nuevo una y otra vez para tentar. El pecado nunca desaparece, por lo que se debe permanecer constantemente en guardia. Amigo, hermano, escucha la advertencia del Señor, no sigas contemplando el pecado, o si lo estás practicando, no
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traigas maldición sobre tu vida y sobre tus generaciones, ¡basta ya!, vas camino a la muerte, como va el buey al degolladero, como el necio a las prisiones para ser castigado, como el ave que se apresura a la red, y no sabe que es contra su vida, hasta que la saeta traspasa su corazón; este es momento para que le abras tu corazón al único que te puede salvar, Jesucristo, arrepiéntete vuélvete a Dios, no sigas apoyándote en tus habilidades y deseos, no sea que él te limite a ello, dile, ahí en el lugar que te encuentras leyendo este mensaje : Señor Jesús, reconozco que te he fallado, que he permitido en mi vida lo que tu aborreces, los deseos de mi carne han tomado lugar en mi mente, pero me arrepiento te pido que me ayudes, me perdones y hagas de mi una nueva persona, límpiame con tu preciosa sangre, e inscríbeme en el libro de la vida y no me borres de él. Amén. |
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