Marzo de 2011
     
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Por: Angélica Zuluaga

Alejandro estaba sentado en la puerta de su casa nueva, estaba muy triste., parecía que nada lo animaba, y lo único que deseaba era tener amigos de verdad.
El papá de Alejandro había encontrado un empleo de gerente en una nueva fábrica de la ciudad, cerca del campo, el lugar era muy bonito, pero ya habían pasado varios días y Alejandro no había hecho ninguna amistad y esto lo tenía muy triste.
De repente aparecieron dos chicos corriendo, Mario y Francisco, llevaban mochilas, varas de pesca y una pelota, seguro que iban al río, pensó Alejandro. Cuando llegaron cerca, levantaron la mano, lo saludaron y continuaron caminando.
¡Jamás hare nuevas amistades en esta ciudad!, dijo Alejandro.
Detrás de ellos venía otro chico de la escuela, era Carlos, el hijo del dueño de la fábrica donde trabajaba el papá Alejandro, Carlos era de una familia muy rica, y en la escuela todos querían ser sus amigos.
Carlos llegó cerca y le dijo: -¡Hola Alejandro! ¿Qué haces solo? ¿Te gustaría venir conmigo al río? Mario y Francisco también van.

Alejandro dio un salto de alegría! y entró corriendo a la casa para pedir permiso a su mamá.
Ella, le dio permiso, pero mientras el salía de casa le dijo:
Alejandro, se que tienes muchos deseos de hacer nuevas amistades aquí, pero nunca te olvides que tu ya tienes el mejor amigo que alguien pueda tener. Jesús vive dentro de tu corazón hace tres años. No cambies la amistad de Jesús por nada ni nadie en el mundo.
-¡Ya lo sé mamá! respondió Alejandro, aunque no entendía por qué su mamá le estaba diciendo eso.

Alejo y Carlos fueron todo el camino conversando sobre fútbol, la escuela, juegos....hasta que llegaron al río. Era un lugar muy lindo. Mario y Francisco no estuvieron de acuerdo en tener a Alejandro, pero como estaba acompañado de Carlos no dijeron nada.
Se divirtieron mucho y, cuando llegó la hora de comer, los chicos encendieron un fuego para cocinar unas salchichas que habían traído, y mientras Mario recogía más leña, vio arboles de manzanas del otro lado de la cerca. Y dijo:
-¡Chicos se me ocurrió una idea genial! ¡Acabo de descubrir arboles de manzanas enormes! ¡Podemos comer luego del asado!
-Yo tengo una idea mejor! Dijo Francisco, tenemos que saber si Alejandro es suficientemente valiente para pertenecer a nuestro grupo. Así que le dijo, Alejandro, ve y toma unas 6 manzanas.

Alejandro los miró sorprendidos y preguntó:
¡El dueño de los arboles los autorizó para sacar las manzanas?
Los tres se miraron y…Jajajajajajajajajaja. ¿Pedir autorización? Jajajaja. ¿Estás loco? Tú saltas la cerca y coges la manzana. ¿Es tan difícil de entender?

Pero , eso es robar.. Exclamó Alejandro
¡Jajajajajajaja miren como tiembla el ¡Miedoso! ¡Cobarde!! ¡No puedes hacer parte de nuestra barra!
No tengas miedo, dijo Carlos colocando la mano en el hombro de Alejandro. Yo me quedo y te aviso si el dueño aparece, acuérdate lo feo que es no tener amigos, si vas, podrás ser parte de nuestro grupo.

Que lucha tenía, la voz de su amigo Jesús le hablaba a su corazón. ¡Alejandro, si robas, demostrarás que no eres mi amigo. Yo morí en la cruz por esos pecados, y tú ya pediste perdón por ellos, fuiste lavado con mi sangre, si me amas de verdad, no harás algo indebido!”

Alejandro conocía muy bien esa dulce voz, era la voz de su mejor amigo Jesús, y quería obedecer, pero era tan difícil. Alejandro había esperado tanto para encontrar nuevos amigos, y ahora estaba en esa difícil situación.

Mientras él se debatía en lo que debía hacer, Carlos, Marcos y francisco, le decían: si no lo haces, te tienes que ir de aquí ahora mismo
Alejandro tragó saliva, y dijo firmemente: No lo voy hacer
¡Eso es robar y yo no voy a robar jamás!

¡No seas tonto! ¡Nadie se va a dar cuenta! gritó Francisco, además todo el mundo hace eso! ¡Qué importa que todo el mundo lo haga!, dijo Alejandro, eso no es correcto y no lo pienso hacer. ¡Además, yo tengo el mejor amigo que alguien pueda tener, su nombre es Jesús!
Alejandro dio media vuelta en medio de muchas carcajadas. Sentía un nudo en la garganta, pero una paz inundo su valiente corazón, él sabía que había agradado a su fiel y amoroso amigo Jesús.

Alejandro había preferido la amistad de Jesús en lugar de la de aquellos chicos, ahora sabía que se quedaría solo, y que sería el centro de los chistes y carcajadas en el barrio y en la escuela… pero no estaba arrepentido con su decisión.

De pronto, escucha. Alejandro... Alejandro…. espera un poco! ¡Tienes razón! yo nunca había pensado de esa manera, no me había dado cuenta que eso es robar. ¿Y sabes una cosa? Desde que estoy con esos chicos no hago cosas buenas.
Alejandro ¿te gustaría ser mi amigo?
- ¡Claro! -respondió Alejandro muy feliz.
A partir de ese día Alejandro y Carlos se hicieron muy buenos amigos, Carlos acepto a Jesús en su corazón y ahora juntos van a la iglesia infantil todos los domingos

¿Qué tal te pareció la historia?

¿Verdad que a veces hacemos cosas que a Dios no le agradan para complacer a nuestros amigos?
Pero la palabra de Dios nos enseña en Proverbios 3:31-32 “No envides al hombre injusto ni escojas ninguno de sus caminos, porque Jehová abomina al perverso, más su comunión intima es con los justos”. Recuerda, Jesús siempre será tú fiel amigo.

Si aun Jesús no es tu amigo, Repite en voz alta:

“Señor Jesús, te abro la puerta de mi corazón, te pido perdón por mis pecados, te acepto como mi señor, como mi salvador y como mi amigo, escribe mi nombre en el libro de la vida, en el nombre de Jesús. Amén”