Marzo de 2011
     
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El pasado 30 de Enero del presente año, en la plaza cívica Ciudad Victoria, miles de almas se dieron cita durante la gran cruzada de sanidad y milagros llevada a cabo por el ministerio del Pastor Pablo Portela.
La plaza fue llena de la gloria de Dios, en sus alrededores días antes se escuchaba el gran rumor y la expectativa de lo que sucedería en ese día. Miles aguardaban y albergaban en su corazón el anhelo de experimentar nuevamente lo que se había vivido exactamente durante las cruzadas pasadas. Dios concedió la petición de los corazones y aun más, esta vez la gran plaza victoria se llenó en su totalidad y en el momento de los milagros se pudo ver que el poder y la unción fue aun mayor que lo que se vivió tiempo atrás.

Lo que estaba sucediendo no deja de ser impactante y de crear expectativa porque cada visitación es diferente. En esos momentos la presencia del Señor enmudece cualquier duda, y se da paso para que la fe haga lo que tiene que hacer en cada persona.

Fueron muchos los milagros evidenciados en la tarima, donde cojos saltaban, los niños subían sanos, los paralíticos caminaban, los ciegos veían, los sordos escuchaban y donde nuevamente se corroboró que lo que es imposible para el Hombre es posible para Dios.

El primer milagro sucedió en el clima, cuando en un mes donde casi todos los días había llovido, justo los dos días previos a la cruzada el sol estuvo constante sobre la ciudad de Pereira, y justo a las 10:00 de la noche después de la cruzada, la lluvia regresó como confirmación de que las cataratas de los cielos obedecieron a las oraciones de este ministerio.

Los rostros de alegría y las lagrimas de felicidad se veían reflejadas en cada persona sana, como el anciano que tenía su pierna derecha más corta 2 centímetros y allí recibió su milagro, ver las lagrimas caer por sus mejillas cuando sentado estiró sus pies para medirlos y comprobó que su pierna se había estirado fue algo que conmocionó la multitud que estupefacta observaba por las pantallas.
Los Milagros no paraban, ya había pasado más de una hora y de las largas filas a lado derecho e izquierdo de la tarima se escuchaba el testimonio de lo que había sucedido en cada cuerpo. Las sillas de ruedas quedaron atrás, los bastones y demás aparatos ortopédicos, también quedaron atrás los espíritus que oprimían a algunos, ya que personas que pensaban suicidarse y otras que estaban con depresión contaron cómo habían sentido total libertad al asistir a la cruzada.
Muchos milagros sucedieron el 30 de Enero y Pereira da gracias a Dios que las raíces de este ministerio están en esta tierra.